PENSAMIENTO FINISICULAR
Suave respirar que exhalo desde adentro. Me inmerso
dentro de mí, rasguñando lados obscuros insospechados; escucho el ladrido efímero
e incesante de mis cavilaciones, percibo indomable mi corazón latiente. Abro
una ventana infinita, indescriptible. Seguidamente, entra un rayo de sol esplendente de recuerdos,
rayos vivaces, circunspectos e hilarantes…
Vuelan sin cesar, ninfas aladas, en una habitación
traslúcida e impenetrable, se ausculta la sagaz e hilarante sinfonía de voces
que parlotean un cántico de ensueño; me hace sentir sereno, tranquilo; aunque
una sensación extraña se apodera de mi ser, turbios presentimientos agotados
por un tiempo imperfecto.
De pronto, el crepitar melodioso de una voz, ausenta
mi peregrinaje. Como un rayo de luz, fulminado por mis recuerdos, me invito a
abandonar el momento y dar paso a la sensación, al sentir… Me refugio en mi
mirada mágica, envolvente, misteriosa y serena. Al fin, me pierdo en el
horizonte blanco y profundo y ahí a lo lejos veo mi niñez; aquellos años
remotos, combinados de júbilo y encanto; a veces de soledad y pesadumbre. Cobijado
bajo la sombra de mi madre deprimida, austera por el melancólico tiempo.
Sin quererlo, una lágrima atraviesa mi rostro y la pregunta que nunca tendrá respuesta:
¿Por qué? Así tenía que suceder y basta. No
hay un por qué lógico. Fue, sucedió… Inútil perder tiempo pensando en
ello.
Seguidamente, me vislumbré sentado. Después de una
violencia verbal, me mira y extiendo mis brazos; viene a mi encuentro titubeante, lo abrazo
fuertemente. Con voz suave y febril atenúo a decirle:
-
Te amo. Son las únicas palabras que logro pronunciar,
mientras lo beso tiernamente.
Instante infinitamente eterno. La creatura se duerme
engarzado en mis brazos completamente entregado, con quien, finalmente, ha
encontrado un refugio seguro y simplemente puede confiarse.
Me miro tiernamente entregado, con mis hermosos
cabellos castaños, tez pálida, labios sutiles,
manitas sucias. Inocencia que gota a gota se pierde en el vivir cotidiano de un
hogar herido.
¿Dónde estaba Dios en aquellos momentos?
-
Misericordioso eres, atenuó a decirme…
Otra vez ME VOLVIO A DOLER EL MUNDO


Publicar un comentario